Peregrino solista

El peregrino solista camina hacia su objeto de adoración. En la caminata solitaria está la expiación de sus culpas y el favor a sus deseos. El peregrino duda, pero solo un poco, siempre cuando se detiene. Ya se sabe: peregrino que duda no camina.

Ideas peregrinas le rondan la cabeza, a pesar de todo. Se cuestiona a veces la excesiva duración de su romería particular, el posible extravío y la identidad de su destino. Porque su revelación cegadora fue una epifanía breve, casi telegráfica, que le dejó convencido de iniciar la marcha del desapego y a la vez ignorante de en pos de qué partía.

Ya son dos años desde el primer paso que, como dicen, es el más importante. Hay mañanas en que el reflejo del sol en el rocío o el canto de unos pájaros le devuelven la fuerza y la fe que impulsa su ruta hacia la trascendencia. Y es que el peregrino sabe, confía, espera que allá detrás, al final del camino, estén la verdad y la salvación. Aunque lleve dos años caminando en círculos.

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