Kinito Smith: las increibles aventuras de una vida corriente.

Hoy presentamos: ” Mosca y las siestas de verano”

Kinito Smith, como todo el mundo, está a favor o en contra de las cosas. Por herencia y condición adora las siestas del verano pero se opone firmemente al aire acondicionado. Es por ello que abre todas las ventanas de la vieja casa esperando que entre la brisa de las islas trayendo suspiros de balsa indocumentada y juncos de albufera. Se desnuda y pliega la ropa en una silla en cuanto acaba el noticiero del mediodía. Camina bamboleando su anatomía recia y madura por los pasillos y sube las escaleras al dormitorio pensando en las últimas noticias. Aunque no tiene ideas políticas y dice despreciar su ejercicio, posee una opinión personal sobre casi todo. Siempre, empero, coincide consigo mismo en estos debates de actualidad y se encamina a la siesta lleno de unanimidad propia.

Tras una higiene ritual frente al espejo del baño y una maldición al constatar el empecinamiento de la gotera del lavabo, Kinito se tumba sobre la sábana blanca de su camota. Componen una escena muy plástica su cuerpo, estirado e inmóvil en el colchón, y las cortinas de gasa bailando el aire que entra por la ventana. Y aquí aparece Mosca.

Mosca, aunque un insecto diminuto y negro, vuela rápido y está lleno de energía esa tarde. Su pasado turbulento está pintado de sorpresas y reveses del destino. Nació ayer, en un relámpago de consciencia y un zumbido materno. Ya desde joven despuntó por su carácter inquisitivo y curioso, por su ansia de aventuras. Ahora, en la mitad de su vida, esas características han templado a un Mosca dispuesto a todo y sin miedo a nada. Determinado, inició su particular marcha negra hasta la ventana de K. Smith.

Mientras tanto, Kinito se deleita con las caricias del viento en su piel y abraza a la almohada que aun conserva el aroma a lavanda de su añorada Rogelia. El encuentro y el desencuentro de los dos protagonistas, Mosca y Kinito, desencadena una rutina de golpes y de gestos, de vuelos rasantes y paseítos por el pubis, de cosquillas molestas y juramentos, de ojos inyectados y élitros en vibrato. Nadie, nada, existe fuera de ese cuarto, mundo paralelo lleno de la misma sustancia y razón que forman el orden universal. Cuando oscurece la tarde, posado en un muslo de Kinito Smith, Mosca siente que ha entrado en la vejez y decide adoptar al bípedo.

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3 comentarios en “Kinito Smith: las increibles aventuras de una vida corriente.

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