Cloacas

Humpert Everald está nervioso el primer día de su nuevo trabajo, le aprieta el uniforme del saneamiento municipal y baja las escaleras al subsuelo en la Avenida 37  recordando leyendas urbanas acerca de enormes ratas albinas o gigantescos reptiles ciegos.

Siente un escalofrío al dar el primer paso, sus botas de goma chapotean y en la oscuridad fétida ya no se escucha el tráfico de arriba. Sigue a Johnson, el veterano de las cloacas, que le grita -¡Enciende la linterna Everald!- y se pregunta por qué coño aceptó el trabajo.

Es cierto que es un hombre nuevo o pretende serlo, dejó atrás los años de acera clandestina y abandonó hábitos ilegales llenos de marginia cruda y huesos rotos. Ahora le espera Sally en el pequeño apartamento. ¿Quién le iba a decir que una estudiante de literatura se fijaría en él?

Va a rehacer su vida en estas catacumbas aunque sea atravesando ríos de mierda que le llegan a la cintura. Al fondo del túnel se escuchan ruidos y tilila una luz, debe ser Johnson. Maldiciendo por lo bajo, Humpert Everald da unos pasos hacia adelante e intenta no respirar por la nariz.

En el punto de control B17 se detiene y reconoce haberse perdido. En la soledad de los túneles, escuchando el susurro de nuestros desechos, saca un cigarrillo y lo enciende. Por primera vez desde hace años siente algo parecido a la paz y entiende que nunca dejará este trabajo.

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4 comentarios en “Cloacas

  1. Es curios como, en ocasiones, encontramos la vocación, Incluso cuando, un instante antes, estemos pensando lo contrario. Veo el torrente nauseabundo y se aspira la fetidez pero también la sonrisa de Humpert

    1. humpert se ha perdido y sonrie, quiza intuye que nunca saldra vivo de la vida, como todos nostr@s. ahora se siente y es feliz, en esa simplicidad cloakera. nirvana nauseabunda donde todo parece basado en que el bambi devora hierba y es devorado por el tigre que cazamos como trofeo. latir es ser, hasta q den las 12 o´cloackas.

  2. Buscar la feliciad entre la mierda es más frecuente de lo que pudiera pensarse, pero encontrarla es un privilegio al alcance de muy pocos. Los personajes de ficción de Álvaro juegan con la ventaja de que maneje su destino un dios bueno. No como el otro.

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