El mimo grita

Y los niños lloran. Los padres, desconcertados, se miran los unos a los otros. El promotor del espectáculo esconde la caja del dinero y prepara excusas. El mimo grita. Resuena su grito por la sala y surcos salados le desmaquillan. Su boca abierta es una denuncia.

Quieto, mudo de gestos, el mimo grita pidiendo silencio. Se detiene el masticar ruidoso de palomitas, las risotadas, los comentarios y los gritos. Se detiene el tiempo en ese instante. El grito perfora, rompe, quiebra lo establecido y produce miedo.

Ya están callados todos, sin saber, mirando fijo al artista que ahora tiembla y levanta una mano. Lentamente, con parsimonia, enseña el puño y estira el dedo medio. Gritos de nuevo, indignación y lloros, exclamaciones de escándalo, de habrase visto, de qué se habrá creido. Los banqueros estan furiosos, han estropeado su fiesta. El mimo se gira y sonríe. Mañana la calle volverá a ser su escenario y el éxito será de todos.

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2 comentarios en “El mimo grita

  1. Precioso. Tan descriptivo que casi me parece estar escuchando la reverberación del grito, aquí, en mi sillón. Normal que grite. Con todo esto, hasta los mimos pierden los papeles. O los recogen de nuevo, que como bien indicas al final: siempre nos quedará la calle!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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