Harrizkoa – De piedra

quiero ser piedra y tu musgo quiero que me parta un rayo quiero que llueva y me moje quiero rodar hasta el rio y dormir en el camino quiero patada de niño quiero ponerme delante y que aprendas a saltarme quiero ser punta de flecha y no lapida en convento quiero que me hagan ladrillo quiero ser roca del mar quiero las aristas rotas y ser china en el zapato quiero añorar la mina y dormir en la cantera quiero ser un asteroide quiero dispararme en honda y reir la catapulta quiero esperarte en los mares quiero volverme diamante quiero ser lava ardorosa quiero ser una escultura quiero ser ruinas antiguas quiero ser dolmen de piedra quiero

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11 comentarios en “Harrizkoa – De piedra

  1. En la Piedra, en las piedras, hay un instinto mineral que nos hace odiarlas y envidiarlas al mismo tiempo. Las tallamos para producir herramientas, esculpimos su alma con rencor cainita. Para hacer fuego golpeamos dos (PIEDRAS) y hallamos la chispa sin nombre que nos cobija.

    En el fondo, quien no quiere ser piedra

  2. ¿Cuántas veces no hemos llorado porque alguien era de piedra y nos hacía mal?. ¿Quién, como dices, no tiene ese instinto mineral dual? o, incluso, ¿quién no se suma en un estado cercano a lo mineral con una canción, un poema, un pensamiento?, ¿quién no pasa parte de su tedioso tiempo de trabajo deseando se la piedra en vez de Sísifo?

      1. Ja, ja. ¡Es verdad!. Ésos son hombres!!!!!. Los que se enfrentan a las piedras y las vencen…lo demás: alfeñiques!

      2. Querida amiga, desde el maximo respeto tengo que aclararte que lo que hacemos carece absolutamente de esa virilidad que infiero en tu comentario. Somos solo personas que se abrazan desesperadamente a las piedras e incluso apuestan sobre cuanto aguantaran. un besote

  3. Sorry, a mí me parece viril. Ver a un hombre subiendo a ese ser mineral mucho más denso, pesado e inerte que uno y elevándolo aún a costa de sus lumbares, izándolo, haciéndolo volar si es preciso es algo primitivamente viril. ¿Qué, en realidad, es un desesperado abrazo?. ¿Y qué?. ¿Acaso los viriles no pueden abrazar o no pueden desesperarse?. Deseo creer que sí. Aunque apuesten por ello, aunque el pecunio arruine un poco la magia antropológica del asunto. Pero, no he entrado en tu casa a polemizar contigo, así que disculpa si mi apreciación no es coincidente con la tuya, si desvía la intención de tu entrada hacia derroteros que no te son deseados.
    Yo también colecciono piedras, voy siempre mirando los guijarros, buscando el de color, forma o textura soprendente. Algunas me acompañan desde niña (pues las pinté y/o usé para hacer algún objeto de dudosa utilidad) otras las he sacado de su lugar para acompañar a mis plantas, otras danzan en mi bolso y, de vez en cuando, necesito acariciarlas para sentir algún consuelo. Gestos, tal vez, absurdos pero que nos recuerdan lo que somos y, al menos a mí, me relajan.
    Feliz y pétreo sábado

  4. quiero ser el mar que lama la piedra, el viento que la erosione, el fuego que la encienda, la mano que la acaricie, la tierra que la cobije, el cincel que le dé forma, la hierba que la cubra, la flor que la acompañe.
    M’has dejao de piedra. 😉

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