Gallinas de cascabel

La orquesta arremetía con desgana el ultimo valsecillo. Terminaba el verano en la terraza del hotel y pocas parejas bailaban sobre la alfombra de hojas secas. Tenía que besarla, ahora o nunca.

No he oido hablar de eso que dice. Aquí las cosas son como tienen que ser y no nos llegan tonterias modernas. No insista, doctor, de aquí no me muevo. Primero la televisión, después las computadoras y ahora el cáncer. ¡No te fastidia!

Paseaban entre las hortensias a la sombra de la casona y sabían que nadie podía verles. Un latido en las sienes y una urgencia en la entrepierna, un suspiro al unísono. Debían tener cuidado; la tía solterona dijo que allí hasta las gallinas eran de cascabel.

Cuando vaciamos la piscina no esperábamos esto. Con los primeros fríos nadie quiere andar en bañador y los candados del club están casi nuevos. Se puede imaginar el susto de los operarios al ver desnudo, allí en el fondo, a Don Manuel.

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2 comentarios en “Gallinas de cascabel

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