Souvenirs imposibles

Obnubila y Petrifico están de vacaciones. Salieron de su vieja casa, cerraron la puerta con todos los candados, celebraron la meticulosa ceremonia de clausura y guardaron en la maleta el manojo de llaves.

Después volaron con los ojos cerrados, circularon mirando por las ventanillas y caminaron asombrados por el peso de sus equipajes. Al fin llegaron. Con un nuevo llavero inauguraron el ritual de apertura del domicilio de asueto.

Petrifico y Obnubila han ordenado la ropa en los armarios y colocado en el servicio sus útiles de aseo. Se han aplicado cremas y repelentes y lucen gafas de sol aunque el dia está nublado. Tumbados en las hamacas, sosteniendo sus libros de verano sobre el estómago, suspiran al unísono y se miran.

Esa misma noche están de vuelta en la capital, duermen en su cama de ciudad y deshacen maletas con la sonrisa satisfecha del que ha regresado, al fin.

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