Liberty of Norton Folgate

En alguna parte de la ciudad de Londres hay un esquivo distrito que no aparece en los mapas modernos y, sin embargo, existe. Esto es verídico, mis queridos escépticos, comprobadlo en Wikipedia si lo deseáis. Norton Folgate es su nombre y constituye en sí mismo un misterio y una excelencia. Las mujeres y hombres que allí viven, generación tras generación desde hace más de 500 años, conocen perfectamente los límites que dibujan su territorio. Fronteras invisibles para casi todos los demás y que contienen un área independiente y autogestionada dentro de la gran capital británica; una pequeña república transparente y desconocida, refugio de poetas como Christopher Marlowe, almas libres y otros individuos de mala vida. Esta es, brevemente, su historia y la de uno de sus habitantes, Holden  “Petite” Sullivan.

Nadie más allá de Coronation street y el parque Wellington, pasado el puente de Ringstone y el mercado del mismo nombre, sospecha hoy en día la existencia de la hermandad de Folgate, la guardia clandestina que procura el bien de sus habitantes, tampoco del consejo fundador o de la Cofradía de los Alegres hermanos de Norton. Esta última se reúne, solo para los iniciados, cada viernes impar de mes sin letra R en el pub Lions Gate desde hace siglos.

Y en un viernes, impar por supuesto, y de Junio, encontramos a Holden Sullivan transponiendo las puertas de tan loable templo y solicitando decidido, y quizás algo agitado, una pinta de cerveza a la camarera. Es temprano, apenas las 4 de la tarde del año 2010, y a esas horas y en ese año su presencia extraña a la parroquia sabedora de que el bueno de “Petite” trabaja fuera, en Londres, y que hasta bien pasadas las seis no regresa a Norton Folgate terminada su jornada como contable de una empresa constructora.

Puede que este sea un buen momento para pasearnos por el Lions Gate y conocer mejor a Holden y a sus conciudadanos allí reunidos. Pidamos a Lillian otra cerveza, relamamos el bigotillo de espuma blanca con un mohín de placer y contento cósmico y recorramos con la vista los rincones del pub, desde la chimenea siempre encendida hasta la diana de los dardos. Aquí están todos ya, anticipándose dentro de lo posible a la reunión de los Alegres Hermanos que se celebrará mas tarde. Los ojos avispados de Jack Marlowe brillan desconfiados, a pesar de las jarras bebidas junto a Kenny Malloy.

Inseparables estos dos: Jack, alto y desgarbado fumador de pipa dotado de una nuez extraordinaria que agita arriba y abajo cuando bebe, y Kenny, pelirrojo y pequeño, casi tan alto como ancho, los dos actuales presidentes de la Cofradía de Alegres Hermanos de Norton.

Ambos contemplan con discreta sorpresa la aparición de Holden y su actitud algo nerviosa. Desde el borde de sus jarras ven a nuestro Petite acercarse con aire preocupado al teléfono, volver sobre sus pasos y observan, sobre todo, una extrañísima falta de ritmo en su manera de beber. ¡Su cerveza esta casi intacta y han pasado más de tres minutos! Algo sucede, están seguros.

Holden Sullivan está meditabundo. Su imaginación recrea una tarde de verano, igual ayer, igual mañana, los ladrillos del muro en el callejón calentándose dorados. Cada cual construye sus cotidianeidades a su manera, piensa. Para unos el secreto es disponer los útiles de cocina o un buen fuego, otros encienden incienso al atardecer, algunos abren otra botella del mismo armario. Todo gesto repetido transmite calidez, pertenencia. No hay más sentido en intentar, ya se sabe, que el mayor anonimato al conseguir. Y aquí, en Folgate, somos anónimos crónicos y eso es lo que siempre nos ha gustado.

Definitivamente Holden está perturbado, sus reflexiones son producto de un shock, de una grave situación, de una amenaza. Debe decidirse a contarlo, los demás tienen que saberlo. La empresa para la que trabaja, la Simpsons Building Ltd, se dispone  a expropiar los terrenos de su querida Liberty y, tras arrasarla con excavadoras, construirá en su lugar un complejo de viviendas modernas, un megacentro comercial y un campo de golf. Es el final, piensa Petite, sujetando con fuerza la jarra de cerveza.

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