Polaroids achinchetadas

Milestones, 1958

Cuando lleguen no van a encontrar más que los discos de Miles Davis y fotos clavadas en la pared. Cuando Samuel se haya ido a las a las islas sonarán campanas y Kind of Blue y seremos humo. El bueno de Samuel, las campanas, el Jazz, todo hace presentir un relato emocionante. La poli entrando en la habitación con el conserje atribulado sujetando la llave maestra al fondo del pasillo. Suspense.

Nada más alejado de la realidad, amigo, esto es aburrido y sucio. Es mi responsabilidad advertirte ahora, antes de que sea demasiado tarde, porque la historia rezuma trivialidades, lugares comunes, incluso vulgaridades grises y amarillas.

Cuando Samuel decidió algo por primera vez en su vida no tenía nada claro y el archivo de su memoria estaba vacío, apenas grabadas dos tardes en la playa local y una en la tienda de ropa. Hizo una maleta novata y se encaminó en la senda del aprendizaje viajero. Me conoció y planeamos. Extrajo cartas de embarque, facturó equipaje con un leve temblor de labios y durmió en el avión sin ponerse los antifaces de la línea aérea. Grabó todo en el móvil y lo posteó en su facebook. Aquí yo en el puti free, aquí después de facturar con mis botas simpáticas y ya sin las maletas que van en el avión. Aquí hablando con cualquiera como si la vida fuera una película divertidísima que acabo de descubrir desde fuera. Que loco todo. Y las maletas volando cargadas de tesoros robados al destino.

Balas traveseras, balas perdidas, balas de fogueo, ninguna nos alcanza, somos bailarines del riesgo, idiotas iluminados y cargados de suerte. Que bebes berebere pregunto Armand y le dijimos  que güisqui sin cola. El asintió y nos pasó la llamada del argelino que viste siempre a rayas. No cabía duda.

Estás avisado cuatro párrafos arriba. Sigue la persecución ciega de autos vintage, los motoristas de la brigada de carreteras van enguantados y parecen muñecos de terrarium, maquetas de la ley. Escapar es fácil, pero a donde y para qué. Au revoir mon amis! En Marsella saben que se repartirá lo justo a cada cual y que si los samuráis polares existen somos casi sus mejores imitadores. Fumar mata, Mata Hari.

Un día después, tres años antes, nunca más. Miles sigue soplando trompetas, la sordina atonta y siempre, siempre, quizá me quedase la fuerza suficiente para la mueca que simula una sonrisa. Os escribiré postales bonitas cuando lleguemos. Chao, ¡hasta ayer!

Kind of Blue, 1959
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