Anecdotario de una mujer calva

Me llamo Alice Monroe y tengo 54 años. Vivo en Trenton, cerca de Essex. Mi marido, George, es vendedor de coches. Mi hija Sally vive con su novio, Thomas, y está embarazada por primera vez. Tengo cáncer.

Hace 6 meses me encontraron un tumor maligno en el pecho izquierdo, se había extendido. Me dieron esperanzas de vida de un año, dos a los sumo. Esta es la historia de cómo la enfermedad cambió mi vida. A mejor.

Cuéntame un cuento, Alvaro Urkiza

El doctor Swanson me recomendó escribirlo todo. Según la estadística fría y torpe de las muertes, yo no podría estar escribiendo estas líneas. Cada palabra es una batalla ganada, una célula que, aunque enferma, sonríe y me da fuerzas. La escritoterapia funciona.

Hace unas semanas el perro de Sally se asustó y ladró cuando salí al jardín. Llovía y corrí a retirar la ropa tendida cuando Toby me miró sin conocerme; había olvidado ponerme la peluca, ese gesto tan cotidiano desde que comenzó el tratamiento. El cáncer se cura, dijo el oncólogo. Ya no uso peluca y me siento bien así.

Mañana me toca terapia, la tostadora. Disparan a las dianas terapéuticas, a las células confusas de mi cuerpo. Siete minutos en la tostadora me dejan radiada y solitaria frente a la duda y camino y veo a los demás, sanos pero igualmente condenados. La diferencia es que yo lo pienso y ellos ingenuamente pretenden ignorarlo. Pensamiento positivo, dieta, ganas de vivir, desaliento, miedo. Compañeros cercanos.

George no encajó bien la noticia. Supongo que aun se pregunta porqué me marché, porqué, después de 30 años de matrimonio, ahora vivo sola, salgo sin peluca, fumo marihuana y estoy tatuada. Espero que encuentre las respuestas, no es un mal hombre, a pesar de todo.

Mi  joven vecino suele venir a escuchar música y fumar conmigo alguna tarde y siempre bromea con los puntos que señalan el foco de mi combate a los rayos de la tostadora. Me anima a tatuarme un girasol en el hombro, dice que me favorecería. Es un buen muchacho y espero que pronto encuentre trabajo.

Todos en el nuevo barrio me conocen como la mujer calva. Saben que vivo sola y que estoy enferma. Todos me saludan con cariño, me siento apreciada. Jamás hubiese pensado vivir en un sitio así. Quiero decir que en nuestra casa con jardín veíamos a este tipo de barrios como una especie de gueto sucio donde era peligroso salir a la calle, lleno de extranjeros y maleantes. No es cierto.

Violencia, ego y aburrimiento, Alvaro UrkizaEscucho cada día la llamada a la oración de la mezquita cercana, compro en la tienda del jamaicano de la esquina y la atenta encargada de la biblioteca me deja sacar de dos en dos los libros. Es china. Y yo calva.

Hasta mi hija, que siempre me había tachado de timorata y conservadora, se asustó al principio cuando expliqué que había decidido irme a vivir sola una temporada. ¿Pero porqué, mamá? No supe decirle lo que ahora sé. Porque tengo poco tiempo. Y quiero vivir.

Los parientes, la familia, los amigos. Algunos siempre a mi lado, otros han desaparecido. Y yo tan asustada en las primeras sesiones de quimio, en cada visita de control médico, tan ansiosa de saber los resultados, tan expuesta y vulnerable. Siempre quise tener un perro, pero a George no le gustaban. Decía que eran sucios y que transmitían enfermedades. ¡Enfermedades! Ahora tengo dos, los recogí en la perrera municipal y pasearlos hasta el pequeño parque donde los jóvenes juegan a baloncesto y trapichean se ha convertido en uno de mis mayores placeres.

Escándalo, Victor Cuerno

George no viene mucho a visitarme. Decía que este barrio era una pocilga, que volvería pronto a casa. Que era una locura pasajera y que esperaba que no me arrepintiera de lo que hacía. También decía siempre que no me convenía estudiar, que no necesitaba el carnet de conducir, que alguien que preparaba un pudding como el mío ya tenía suficiente cultura. Decía muchas cosas, demasiadas cosas. Y yo escuchaba y callaba. Llegue a pensar que tenía razón, que mi pudding, la casa y una hija que me despreciaba amablemente eran lo máximo que merecía. Pero todo cambió el día que recibí el diagnóstico.

La amputación ya fue demasiado para él. Creo que sintió aun más que yo mi nueva asimetría. Evitaba mirarme la cicatriz del pecho y la cabeza cada vez mas calva. Al final evitaba simplemente mirarme.

En mi pequeño apartamento hay mucha vida. Tengo a los perros, tengo plantas, tengo a mis amigos y a mí misma. Y muchos espejos. En mi pequeño apartamento todos me miran y me siento bien así.

Terapia animal, Alvaro Urkiza

Aunque mi hija se opone, he pensado ayudar en el centro social del barrio. Ella que siempre se avergonzó de su madre convencional y anulada, ahora teme que me vuelva demasiado independiente. Sí, voy a ser voluntaria en el centro, hay mucha gente por aquí que necesita ayuda y a mí me sobra tiempo y me siento fuerte.

Mañana me toca terapia, la tostadora. Por la noche cenaré con Sally y Thomas, están tan emocionados con la niña. Sally quería ponerle mi nombre pero yo me negué. ¿Acaso se le pone a los bebes el nombre de un pariente vivo?

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16 comentarios en “Anecdotario de una mujer calva

  1. Acabo de leer este post y me ha emocionado…….
    Tengo que decir que me lo ha recomendado alguien cercano a ti.
    Vivo en Castro y mi madre acaba de pasar un largo y duro cáncer. También perdí a mi padre por la misma enfermedad.
    Solo quería escribirte para decirte que este relato tan optimista, es una verdadera obra de arte.
    Me voy a hacer asidua a tu anecdotario.
    Gracias!!!!!!

    1. Gracias Mercedes, me alegro mucho de que te haya gustado, y mas a ti, que has vivido tan de cerca esa situacion. Al decidirme a escribirlo y despues publicarlo he tenido muy en cuenta la seriedad del tema y he tratado de informarme para que nadie se sintiera ofendido, para que el respeto y el cariño se transmitieran a los lectores. Tu mensaje me llena de alegria, un abrazo fuerte y bienvenida siempre por aqui!

  2. Es lo mas bonito que he leido com mucho cariño y ganas de vivir, yo tengo a mi amiga que le ha sucedido algo parecido, marido que evita mirarla, se separa i vive sola , su hija ni la mira, ni le habla, yo creo que le culpa de haberse puesto enferma y dejar ella (su hija) el centro de antención al final se separo, el marido se quedo con la custodia y ella vive sola, bueno con una medio novio y es feliz, fuma marihuana, bebe wiskys, come sano y se acuesta a las 5 de la mañana… es feliz y yo la admiro. Gracias otra vez alvaro `por tus escritos UN ABRAZOTE Y MIL BESOS.

  3. Podría decir que estas letras son un ejemplo y realmente lo son pero prefiero sonreír, emocionarme como seguramente lo debes estar haciendo vos ante tamaño ejemplo. Muchos ven pasar la vida como una mala película y otros como en tu caso la agarran muy fuerte para hacerla única!!
    Un beso y un abrazo muy grande !!!
    Buena vida amiga!!!

  4. Edificante. Motivador. Yo tuve cáncer en 1998. ¡Qué bueno es estar vivo! Gracias por esta invitación.

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