Amistad, una carta naútica y dos botellas de vino

Javier Urquiza Legorburu y su hermano Enrique compraron ilusionados un bote de pesca de apenas diez metros de eslora y amplia bañera, con un par de literas, un bañito, cocina y una  alarmante propensión a averiarse. En días señalados vestía velas blancas que portaban bien los vientos del cantábrico, pero su línea rechoncha y benévola no permitía rumbos arriesgados como la ceñida; incluso virar se convertía a veces en toda una odisea. En este pequeño sueño hecho realidad salimos a pescar durante años toda la familia y numerosos amigos, pero ellos sobre todo, los dos hermanos, disfrutaron de sus amables bamboleos costeando la vida con un vaso de vino en la mano, el horizonte por futuro y los silencios solo interrumpidos por alguna frase que encienda la tertulia marinera. Bautizaron al barco “Amistad”.

Antes de morir, mi padre expresó su deseo de ser incinerado y pidió que sus cenizas fuesen entregadas al mar. Así lo hicimos. En marítima caravana, El Amistad y varias embarcaciones salieron repletas de parientes y amigos emocionados hasta una latitud y longitud que anotamos en una carta náutica. Los que desearon hacerlo rezaron y se brindó con vino en su honor y en su memoria. Después lancé la urna con las cenizas a la mar y todos observamos en silencio como se hundía en las aguas azules, el último chapuzón de Javier.

Amistad, una carta náutica y dos botellas de vino fue todo lo que necesitamos para enterrar a mi padre. Hoy, unos años después, su hermano Enrique y su gran amigo Kike Hernandez se han ido también, y les hemos despedido de la misma manera. Reposan sus restos en el mismo lugar, junto a los de mi padre, donde a buen seguro brindan con las mareas y se escuchan sus risas amigas y sus piropos elegantes a las sirenas. ¡A su salud!

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9 comentarios en “Amistad, una carta naútica y dos botellas de vino

  1. Me parece precioso, y me hace recordar los momentos maravillosos que pasamos junto a tu padre, a tu tio y a Kike, no llegamos a embarcar con ellos pero me los imagino navegando y disfrutando a los tres. Besos Angelines y Jaime

  2. Tambien Enrique Urquiza Legorburu, el tercer mosquetero, brinda con ellos ahora. Nos ha dejado su carisma y su humanidad ejemplar. Envidia del mar que los abraza fuerte y alegria de tenerlos siempre cerca, alli donde batan las olas.

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