La Pesca sin Sangre: manual técnico y consejos útiles

En mis años mozos, durante las vacaciones familiares en la costa, desarrollé un método de pesca que me proporcionó extraordinarios éxitos dentro y fuera del agua. Bauticé a este revolucionario método como “La Pesca sin Sangre”.

Eran buenos tiempos. La pequeña tribu que componía la colonia adolescente disfrutaba del espacio perfecto para dedicarse a su ocupación favorita: el Amor. Entre aquellas calas recoletas, viviendo en paralelo a los mayores, sentíamos el intenso bombardeo hormonal de la pubertad especiado con aroma de algas, yodo y salitre. Como el reflejo del sol en las olas destellábamos suspiros para atraer al sexo opuesto, fuese este cual fuese, y por descubrir jugando los misterios de su cuerpo.

Mi procedimiento para atraer a las bellas señoritas consistía en agitar el flequillo e invitarles a volar en mi ciclomotor hasta la cala donde compartiríamos una sesión de pesca submarina. La idea de acompañar a un depredador arponero que se propone arrancar del mar a pececillos sangrantes no fascinaba mucho a estas princesas. Pero cuando les explicaba mi técnica prodigiosa y les prometía que serían testigos de una incruenta y romántica manera de extraer los frutos del mar, cedían subyugadas.

Así, mientras ellas languidecían al sol sobre alguna roca plana, el que os habla se sumergía gallardo, dotado solamente con unas gafas de piscina (nunca esas ridículas gafotas con tubo tan poco favorecedoras) y un vistoso traje de baño de competición, sucinto a la vez que práctico. Tras ejecutar una serie de filigranas y pavoneos y un par de dramáticas inspiraciones, descendía a las profundidades del Gran Azul y me enrocaba mimetizado cual anémona. Allí apostado, sorprendía al pez apareciendo de repente: mi mirada, mis hipnóticos movimientos y mi apariencia toda le sumían en una especie de trance hasta que lo desmayaba con un certero golpe. Cuáles serían la alegría y el asombro de mis partenaires cuando su Poseidón emergía de los océanos poniendo a sus pies varias piezas como dormidas, hermosas y frescas, sin rastro de sangre y con aire de, si ello es posible, haber muerto con la sonrisa en la boca. Disfrutar juntos de su ingesta usufructuando la barbacoa del jardín de sus padres ausentes, por ejemplo, nos proporcionaba inolvidables momentos de deleite organoléptico.

Estos triunfos me dotaron de una reputación excelente entre las chicas y de una rencorosa nube de envidia entre los chicos. Nunca, por mucho que me lo rogasen, compartí con nadie la técnica secreta de la Pesca sin Sangre. Hoy,  más de veinte años después, detallaré, cual caballero Assange del Wikileaks, sus misterios a todos vosotros.

En primer lugar resulta imprescindible no ceder a la improvisación y dedicar unos momentos a planificar la sesión de pesca y cortejo. Una rápida evaluación de los dones de la chica y de su disposición a posteriores deleites carnales es fundamental. Con esa valoración en mente nos dirigiremos prestos a la pescadería de confianza más cercana, donde adquiriremos un par de doradas o lubinetas en el caso de ser ella atractiva y cariñosa, o unas sardinillas si fuese no tan hermosa o de temperamento digamos tímido. Disponer estratégicamente estas piezas sin destripar ni desescamar en una roca de la cala adyacente a la de nuestro despliegue heroico constituye el siguiente paso. De la habilidad teatral de cada cual resta ya el complementar la anécdota y crear la ilusión perfecta que ellas recibirán alborozadas.

Espero que estas revelaciones confidenciales os sean de utilidad, queridos amigos, pues la temporada de Pesca sin Sangre no entiende de edades o sexos y el deseo está siempre agazapado a la orilla del mar. Me congratula el haber esclarecido para siempre tan cruciales cuestiones y os animo sobre todo a percibir lo más importante de este y de todo relato que se precie: es Verano.

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2 comentarios en “La Pesca sin Sangre: manual técnico y consejos útiles

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