Tres páginas del Diario Escocés (3ª)

15 de noviembre de 2006

La recepción de este hotel es un trabajo coral. La casa es una vieja mansión habitada ahora por el linaje de los antiguos sirvientes, gente sin ningún interés en adoptar actitudes aristocráticas, solamente preocupados por el beneficio de la renta de cuartos a los visitantes. Cada vez que entro o salgo, hormiguea alguien diferente alrededor del patio central.  Se escucha siempre el llanto de niños, hay ropa colgada de reja a reja en los ventanales y huele a comida muy condimentada por los pasillos de piedra. Es la vida, me parece, que se extiende imparable y se ramifica como una hiedra voraz sobre un jardín abandonado.

Todos aquellos a los que dejo la llave al salir o a los que saludo al llegar tienen la cortesía o el disimulo de no mencionar la ausencia de Helen desde hace dos días. Es muy posible que sepan de ella bastante más que yo mismo. De cualquier manera no saldré a buscarlos otra vez. Tengo dos botellas de tequila en la mesa y cuando las termine deseo tumbarme en el Cerro del Quemado y descansar de todo esto para siempre. ¡Salud!

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