Tres páginas del Diario Escocés (2ª)

14 de noviembre de 2006

Las sombras del pasado se esconden en Real de Catorce. Están casi inmóviles donde el turista no pueda verlas. Los fantasmas de ojos desorbitados se miran entre sí pegados a las paredes rotas. Cuidadosos, pretenden no proyectar sombra al caminar.
Se esconden contra el quicio de viejas puertas y transmiten un pavor mayor que el de ver una aparición: no entender la transformación de su espacio, no conocer a nadie ni ser conocidos. El viento que les atraviesa lleva emisiones satelitales para teléfonos celulares.

 Ni siquiera se quejan cuando una caravana de visitantes a caballo pasa por encima de sus armaduras invisibles. Ni una débil maldición envían para aquellos que filman sin verlos, que profanan con sus risas de ciudad el empedrado de las calles que les pertenecieron. Algunos, como Fernando de Iturbide, apenas salen ya de entre las grietas de sus casas en ruinas; otros se convirtieron hace tiempo en cortinas de ventanales quebrados o en oxido.

Real de Catorce está en el terror de esos fantasmas coloniales escondiéndose presurosos y también en el sereno regocijo de espíritus indios en los cerros que lo observan todo y asienten.
Aquí cantó Caruso y las visiones Huicholes convierten en venado peyotero a san Francisco de Asís. El viento del desierto está lleno de revelaciones escuetas, espinadas, picosas como un chile, aridamente tiernas. Es la caricia de una mano callosa en el corazón. El conforto de la cama de piedra.

Anuncios

¿Quieres dejar tu comentario?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s