Pubertad trémula

La Tierra es una adolescente bastante guapa, aunque algo estropeada. Tiene las hormonas revueltas y pasa horas mirándose en la Luna; no se ve bonita, se retoca el peinado y se cambia de ropa para gustarle al Sol cada mañana. Sexy ingenua, posa coqueta ahora para Saturno, ahora para Plutón. El acné le trae loca. Sus granitos surgen inesperadamente, reventones, llenos de emisiones sulfurosas, de magma al rojo vivo. Geiseres traviesos, fumarolas de instituto que terminan explotando sobre la plaga que sufre. Son los piojos unos bichitos molestos, picajosos, se creen dueños de su melena. Clavan, queman, podan y construyen extrañas estructuras; parecen a disgusto entre ellos, incluso con la vida. La Tierra se rasca a veces y agita fuerte la cabeza.

Porque es apasionada; hay tardes en que se perfuma demasiado y pasa noches en vela imaginando naves metálicas y brillantes que aterrizan sobre ella como caricias. Está preciosa cuando lee bajito, vocalizando concentrada los nombres de las constelaciones. Y cuando se impacienta piensa, caprichosa, que como no cambien las cosas terminará explotando.

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