Amarillo Nuclear

Leemos lo que nos cuenta el periódico tomando un café, vemos las noticias que programa la televisión durante el almuerzo. Nos informamos, pues, y estamos consternados por el horrible siniestro de Japón. Tienen toda nuestra solidaridad condensada en un click de apoyo incondicional. Lo mismo que, en su momento, los pobres habitantes de Haití o los mineros de Chile. Que no se diga.

Un click de apoyo es mejor que nada, transmite las buenas intenciones de nuestro avatar en una red pública. Algo más representaría cualquier tipo de ayuda, física, material o económica. Aunque solo sea para la última catástrofe de moda, para el último horror mediático. A la mayoría, y me incluyo, se nos queda todo en un Me gusta.

Al mismo tiempo que, como sabemos, sufren en Japón, en Libia se matan en una cruenta guerra civil, los pueblos de Afganistán, Palestina, Irak, Somalia, el Congo, Bangladesh, Irán, Haití, Birmania, Mali, Camboya, Papúa, etc, sufren desastres naturales, hambrunas, guerras civiles, tiranías  o invasiones militares extranjeras. Los Bosques de Sudamérica y Asia se desforestan por codicia disfrazada de progreso, las empresas que nos venden nuestra comodidad contaminan mares, tierras y aire de países pobres que, agradecidos, proporcionan mano de obra barata y materias primas. El racismo, clasismo, la exclusión por motivos de etnia, sexo, religión u opinión se mantienen vivos en multitud de países.

También a raíz del terremoto y sus efectos, se ha despertado molesto de su siesta inducida el “debate nuclear”. Alemania para temporalmente siete de sus centrales, Garoña resuena en los pasillos del congreso, Obama defiende ese medio de producción y se propagan rumores de la existencia de un poderoso y enriquecido lobby nuclear que no vive cerca de ninguna central, por si acaso.

Quizás Japón está en las calles de nuestra ciudad. A las puertas de un supermercado o debajo de un puente, en un asentamiento chabolario o en las cárceles, escuelas y hospitales. En nosotros mismos o en nuestro vecino de al lado. No lo sé. Que cada uno extraiga, si lo desea, sus propias conclusiones.

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