La Lucha, Mexico

Paramedico acecha

La lucha es  aquí un espectáculo sagrado, purificador, sublimación comunitaria de la violencia. La aceptación general del juego. El Santo, el rey de los luchadores técnicos, salvará esta noche al planeta Tierra de los Extraterrestres con la ayuda de un rudo como Blue Demon. Imperdonable no asistir, y aquí estoy.

Entre asalto y asalto, en medio de la velada, una guía inesperada me arrastra a través de la euforia colectiva. Subimos de la mano por las gradas hasta la pequeña barra al lado de los baños. Allí me promete encontrarnos con el mejor escritor del altiplano.

Coronado por retratos gloriosos de la lucha sosteniendo sus trofeos, Carlos Vázquez se presenta tímidamente en la penumbra sin dejar de atender la sed de sus clientes. Nos cuenta que fue conocido en los setenta como La Furia Azteca, un rudo que brilló en el ring hasta en Distrito Federal, antes de acabar sirviendo chelas en este barcito doblegado por las llaves de la vida. Y si, hace arte  cosiendo cuero en su cuarto, ahí detrás de los vestuarios. Sus mascaras cubren a algunos de los mejores luchadores, incluso en la  primera categoría, la triple A.

– ¿Y escribir?- le pregunto

– Mera pendejada, señor, para matar el tiempo antes de la viceversa.

 

Moviéndose rápido, deja a nuestro lado dos cervezas chorreantes de espuma y me entrega una hoja de papel con un texto.

Se titula  “En la lucha”:

-“Autómata segundo y Tackle charlan en un rincón. Se entienden bien medio por señas, aun con sus mascaras puestas y a pesar del escándalo que llega desde la arena. Están sentados en cubos metálicos y comentan el Eterno Femenino; Autómata  se siente enamorado, enfermo de pasión. Ya son mas de tres combates en que sus famosas Doble Nelson, sus invencibles saltos, sus triunfos todos, van dedicados a la joven ninfa con gafas de la primera fila.

Esta a punto de comenzar  el combate de esta noche. Autómata hace equipo con Sexy Pimpinela (el numero uno de los exóticos) y luchará contra Paramédico y el temido Estuca. Esta a punto de comenzar el combate de esta noche y ella aun no ha aparecido.
Tackle parpadea dentro de su mascara de cuero y se lo piensa bien antes de hablar.

– No mames, guey, chavas así las hay de a peso la docena. –

Y ante el suspiro profundo de Autómata, continúa:

–  ¡No te chingues la vida por una vieja que ni conoces! –

Pero su amigo no le escucha. De un salto brusco se ha incorporado y mira fijamente hacia el pasillo que lleva al cuadrilátero.  Algo mezcla de lamento y rugido sale de sus entrañas, cierra fuerte los puños.

-¡Puto hijo de la gran chingada! ¡No! – exclama entre dientes.

El temido stuka

Tackle mira en la misma direccion y ve al temido Estuca avanzando entre los gritos del publico, tras de Paramédico. Los dos ondean sus capas como en cámara lenta. Brilla el cuero de sus máscaras, lucen feroces y orgullosos, iluminados por el foco central y los flashes de los fotógrafos. Estuca camina abrazado a una mujer, diminuta entre los brazotes del luchador. Ella se le pega al pecho y pestañea embobada a través de los vidrios casi empañados de sus gafas, llena de admiración, orgullo y deseo.

Ella es la adorada, la musa de Autómata segundo.

Algo se apaga y algo nuevo se enciende en los ojos de nuestro héroe, que, durante solo un momento, baja la cabeza. Ajustándose la capa despacio y  apretando las mandíbulas, Autómata se dirige al ring por ultima vez”.

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