Last notes from Silvia – Kuala Lumpur

 

 “Hay que morir deprisa pero tarde”- Anónimo.

10 0ctubre 2006

¡Kuala Lumpur me encanta! Al principio me pareció horrible tener que salir de Indonesia, dejar a todas mis amigas y volar sola a  Malasia para renovar el visado. Me canse de enviar mails quejándome a la agencia en Seattle pero todo fue inútil. Esta es la única opción que me dieron. Por supuesto que ellos pagan los gastos del vuelo y el hotel, es su responsabilidad haber gestionado un visado de solo un mes cuando contraté vacaciones para dos. Asi que me dije, tranquila Silvia, serán solamente tres días aquí y podras volver a Yakarta.

La primera impresión que me causó la ciudad al aterrizar fue de prosperidad moderna, de caos y de mezcla. Algo similar a los Estados Unidos pero con ingredientes distintos. Por todas partes hindúes, musulmanes ortodoxos y asiáticos en vez de los afros, los chicanos y los blancos de nuestro país. Tenía la ligera aprensión de que siendo mujer, americana y además viajando sola, las cosas podrían ponerse desagradables, pero todo fueron sonrisas desde el mismo taxi que me llevo a Chinatown.

Mi hotel esta en el centro de este  barrio tan típico, entre antiguos almacenes coloniales ingleses, enormes rascacielos y templos de todos los credos. Es un edificio alto, de más de 15 plantas, y desde las ventanas de mi habitación tengo una vista esplendida de la zona. Saque fotos en todas direcciones que mandare a Rose y Amanda en cuanto encuentre un buen cyber.

Por la calle los puestos de flores y las humaredas de los restaurantes ambulantes se mezclan con el sonido del tráfico y con los  peatones que abarrotan calles y callejones. La Lonely Planet no exageraba nada. Hay bullicio y animación, nadie parece fijarse demasiado en los demás y abundan los mochileros de todas las nacionalidades. Encontré a un grupo de compatriotas de Oregon muy simpáticos, recién llegados de Tailandia. Cenamos juntos en un bar con decoración rasta, música nuestra y buenas mesas de billar. Fue divertido.

Cuando regresé al hotel me sucedió algo curioso. No me había fijado hasta entonces pero en el ascensor hay una planta entre el piso dos y el tres que no tiene número sino una letra, la M. Un hombre de negocios japonés pulso ese botón y se bajo en ella. Por lo que pude ver a través de las puertas parece un piso como otro cualquiera. ¡Estos extranjeros! Tengo muchas ganas de volver a la residencia  en Yakarta y ver a mis amigas otra vez.

Por hoy me retiro, mañana será mi ultimo día en Kuala Lumpur y quiero aprovechar para hacer algunas compras y dar un paseo hasta las Torres Petronas.

11  Octubre 2006

Casi no encontré tiempo hoy para escribir algo en este cuaderno, ha sido un día  muy ajetreado y eso que solo son las 4 de la tarde. Me levanté temprano y desayuné en el buffet del hotel. Al bajar no pude evitar fijarme de nuevo en el botón del piso M. Esta vez nadie se detuvo allí. La comida era correcta aunque odio la manera que tienen aquí de cocinar los huevos fritos y las patatas.

Cuando salí sin rumbo fijo ya había mucha gente en la calle y esquivando a unos y a otros pasee entre puestos de baratillo y de ofrendas para el templo hindú que se levanta cerca del hotel. Una mujer me dirigió la palabra frente a otro templo al que sacaba fotos, esta vez budista, pero no sabia hablar ingles,  así que le disculpe con gestos y continué caminando. Al llegar al cruce central de Chinatown ¡sorpresa! El mismo amable taxista que ayer me llevo al hotel desde el aeropuerto paró a mi lado y me saludo preguntando si quería ir a alguna parte. Es un verdadero consuelo ver a nativos que hablen nuestro idioma en el extranjero así que este hombrecillo oscuro y de bigote poblado me fue simpático al instante y subí a su taxi pidiéndole que me llevara a las Torres Petronas.

En el camino disfrute de su charla y le conté quien era, que me habían parecido mi hotel y la ciudad, expliqué que estaba de paso para arreglar lo del visado, que saldría mañana para Yakarta. El me contó de su vida, de su familia y su trabajo. Se llama Yasur y nació en Singapur pero lleva trabajando en Kuala muchos años. Se ve que ama a esta ciudad y que la conoce bien.

Las Torres Petronas me gustaron, hice muchas fotos, pero, ¿realmente son las más grandes del mundo?

Regrese con Yasur y comí en el restaurante del hotel. Aun era temprano así que tomé una ducha y me cambie de ropa para dar otro paseo y conectarme a Internet para chequear el correo.

Al bajar a recepción tuve una sensación extraña, me pareció ver a Yasur subiendo en otro ascensor, aunque cuando le saludé con una sonrisa él pareció no reconocerme. Corrí a tiempo de entrar en el suyo antes de que se cerraran las puertas y le llamé por su nombre. El, si es que era él, reaccionó sorprendido y respondió en malayo dejando bien claro que no hablaba ingles ni me conocía. Bajó en el piso M.

Por regla general no soy una persona curiosa o entrometida, pero hay algo en todo esto que me intriga. He tomado una decisión. Quizás no sea la mas adecuada, dicen que la soledad es mala consejera. Pero ¿Qué puede pasarme? Voy al piso M.

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